Autora: María Fernanda González González
¿Qué harás con tus últimos 85 segundos?
85 segundos es tiempo suficiente para preparar un espresso. Para regar las plantas o para reiniciar tu teléfono. También es el tiempo simbólico que le queda a nuestro planeta antes del juicio final, según la analogía que hace el Boletín de Científicos Atómicos.
El Doomsday Clock, o Reloj del Juicio Final fue instaurado en junio de 1947 como un símbolo del tiempo que le queda a la humanidad antes de una catástrofe global irreversible de acuerdo con análisis geopolíticos y científicos. Al momento de su inauguración, se colocó con 7 minutos restantes antes del fin del mundo, en el contexto de la Guerra Fría. Originalmente, el riesgo que consideraba era específicamente el del inicio de una guerra nuclear; sin embargo, a partir del 2007, se han incluido en la valoración del Boletín riesgos como el cambio climático o las tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial.
El Reloj actualmente tiene la finalidad de concientizar al público y presionar a los tomadores de decisiones y la comunidad global a tomar medidas más drásticas que mitiguen los riesgos globales. No es una medición científica sino más bien una metáfora que se usa para comunicar un mensaje importante. Al inicio de cada año los Científicos Atómicos emiten un Doomsday Clock Statement, un comunicado especial en el Boletín donde se detalla el avance simbólico del reloj y los riesgos identificados que causaron este cambio. Cada año el Boletín “mueve” las manecillas del reloj hacia atrás o hacia adelante, dependiendo de si el mundo se ha vuelto más seguro o peligroso. Este año, el 27 de enero se compartió que el reloj avanzó 4 segundos en comparación con 2025. A inicios del 2026, falta solo un minuto y 25 segundos para el fin de la humanidad.
En términos prácticos, el tiempo del reloj no refleja un periodo específico. Es decir, esos 85 segundos no son 85 años ni 85 meses. Al momento de su creación, el reloj se diseñó pensando más bien en la parte estética y comunicativa de impacto. Martyl Langsdorf, la artista que creó el diseño original más tarde confesó que eligió la posición original de las manecillas, a las 11:53, porque “se veía bien”. Fue mucho después que se convirtió en una metáfora para la destrucción.
El Boletín de Científicos Atómicos fue fundado en 1945, por científicos que participaron en el Proyecto Manhattan, la operación que llevó a la creación de las primeras bombas nucleares. Su comité fundador incluyó a grandes personalidades, como Albert Einstein y J. Robert Oppenheimer. La primera aparición del reloj sería dos años después, la primera vez que el Boletín se publicó como revista. En la portada se mostraba el último cuarto de un reloj, una imagen puramente estética.
En 1952, la escalación de la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética llevó a las primeras pruebas de la bomba de hidrógeno. Seis meses después, el Boletín declaró: “Las manecillas del reloj han avanzado de nuevo”. A partir de entonces, el reloj se convirtió en un símbolo de prevención y advertencia, moviéndose en función de los esfuerzos de la humanidad y cuánto nos acercan o alejan de una catástrofe.
El reloj ha retrocedido en múltiples ocasiones. En 1963, los tratados parciales entre EE. UU. y la URSS para reducir sus pruebas nucleares retrocedieron simbólicamente el reloj a 12 minutos para la medianoche, suficiente tiempo para ver completo el video de Thriller de Michael Jackson. En 1991, retrocedió hasta los 17 minutos, casi tiempo suficiente para ver un episodio de Friends, sin comerciales. Para 1998, ya faltaban 9 minutos. Desde entonces, no hemos vuelto a bajar de los 10.
En 2020, el destino de la humanidad dejó de representarse en minutos, y comenzó a hacerlo en segundos. A 100 segundos para la medianoche, al mundo como lo conocemos le quedaba tal vez el tiempo suficiente para hacer unas palomitas de maíz en el microondas. Desde entonces, el segundero del Reloj del fin del Mundo no ha dejado de avanzar.
De acuerdo con la declaración del Boletín, el año pasado perdimos 4 segundos. Hoy nos faltan simbólicamente 85 segundos por una combinación del riesgo nuclear, ante la próxima expiración de los tratados entre EE. UU. y Rusia, sin una fecha establecida para su renovación, y el riesgo que representa para la humanidad la inteligencia artificial y su capacidad de creación de desinformación. Al mismo tiempo, el calentamiento global es una realidad del presente, con los dos años más calurosos de la historia registrados uno detrás del otro.
En 85 segundos se puede ver una intro de Los Simpson. Se pueden oír dos Preludios de Chopin. El corazón humano puede latir unas cien veces. Esto es el tiempo que los expertos del mundo, científicos y premios Nobel, consideran que tenemos para salvarnos o autodestruirnos. ¿Será posible que en 85 segundos se reviertan décadas de avance en la erosión de la estabilidad global?
Seguramente te tomó unos tres minutos y medio leer este artículo. En ese tiempo, el Doomsday Clock habría llegado a la medianoche casi tres veces.
Puedes ver una línea del tiempo del avance del Reloj here, y el Statement del 2026 here.