Autora: Ana Cuevas Romo
La educación de las personas jóvenes es una prioridad y un reto complejo en el que hace falta involucrarse con compromiso y una visión amplia que se aleje de soluciones simplistas, recetas de cocina para el éxito o productos educativos de moda. Por ello, hoy quiero compartir un extracto del consejo que Mizuko Ito da a educadores y padres de familia en esta realidad tecnológica compleja actual para acompañar mejor a las personas jóvenes en sus procesos de aprendizaje.
Mizuko Ito, de Connected Learning Lab, es una antropóloga cultural, científica del aprendizaje en la Universidad de California Irvine, emprendedora y defensora del aprendizaje conectado: un aprendizaje centrado en el interés de las personas jóvenes y socialmente conectado. Mizuko Ito, o Mimi como la llama Mitchel Resnick en un episodio de su podcast Lifelong Kindergarten, sintetiza un consejo clave al considerar la implementación de las tecnologías en educación.
Desde su punto de vista, la realidad actual es complejo y por ello invita a evitar caer en enfoques tecnosolucionista. ¿Qué son los enfoques tecnosolucionistas? Aquellos que pretenden que la tecnología es la solución a los problemas en la educación, tanto desde el enfoque optimista (asumiendo que la tecnología solucionará los problemas), como desde el enfoque optimista (asumiendo que la prohibición o control de la tecnología solucionará los problemas). Mimi destaca que es necesario enfocarse en los contextos sociales, culturales e institucionales en los que se implementa la tecnología y analizar si la tecnología es realmente un apoyo; así como fomentar una educación como un espacio de conexión de los aprendizajes con las motivaciones de quienes aprenden, conexión entre quienes aprenden y con la sociedad en general, para que el aprendizaje sea atractivo, relevante y social.
Pero mejor, a continuación, puedes leer el consejo tal cual lo expresó Mimi Ito:
“A un nivel general, cuando pienso en la posición tan difícil en la que se encuentran los padres y educadores hoy en día, el principio fundamental sería: priorizar la conexión sobre el control. Se está poniendo mucha energía en el control ahora mismo: prohibir la tecnología, limitar el acceso y regularlo debido a todos los miedos y riesgos. En un periodo de tanta incertidumbre, creo que lo más protector, solidario y potenciador de oportunidades que podemos hacer como adultos es tener una base sólida de confianza, pertenencia y conexión con los jóvenes en nuestras vidas. Sabemos por todas las investigaciones que esto es lo que amortigua y protege contra los riesgos y cambios impredecibles del entorno”.
“Ciertamente hay grandes tendencias hacia la polarización y la desconexión… hay problemas de salud mental no solo entre los jóvenes, sino también entre los adultos. Creo que tenemos la tendencia de correr hacia enfoques “tecnosolucionistas”, tanto en lo positivo como en lo negativo, en lugar de recurrir a lo que ya sabemos que es bueno para los niños. Lo que sabemos que es bueno para las personas es sentir una conexión con sus comunidades, con sus seres queridos, y tener un sentido de propósito y pertenencia. Esas son las cosas más importantes que crean no solo un cerebro y una mente sanos, sino también comunidades sanas”.
“Me resulta preocupante que tengamos una narrativa tan dominante que es tecnológicamente determinista y busca soluciones solo en la tecnología. Muchas veces, incluso quienes son críticos, también son tecnosolucionistas: nos quejamos de las grandes empresas tecnológicas y de cómo piensan que soltar una nueva plataforma de aprendizaje en las escuelas resolverá todos los problemas educativos (un enfoque tecnosolucionista malo); o que el metaverso resolverá los problemas laborales… Pero también es pensamiento tecnosolucionista creer que si prohíbes el celular en las escuelas vas a resolver todos los problemas de conexión social, salud mental y aprendizaje. Eso también es pensamiento mágico tecnosolucionista”.
“Creo que tenemos que ir más allá de ese vaivén de si la tecnología es buena o mala, y enfocarnos realmente en lo social, lo cultural y lo institucional que sucede en nuestras vidas diarias, y cómo la tecnología se cruza con eso para apoyarlo o dificultarlo, en lugar de mirar siempre a la tecnología como el problema y la solución al mismo tiempo”.